martes, 14 de abril de 2020

AQUEL ALTAR HELENO

AQUEL ALTAR HELENO supone la introducción al poemario TU ALTAR HELENO, con una clara vuelta a mis raíces inequívocamente surrealistas plagado de simbolismos y referencias oníricas como demuestra este mi pictograma caligramático:


La fusión entre el simbolismo de la imagen de mi caligrama y el del poema, mi poema, que compone la imagen es claro y meridiano y habla de la rememoración de mi primera experiencia pasional y meridianamente sexual y tras su consumación y varios encuentros pasional, el desencuentro y la demostración de que solo había sido un juego para ella. Si la imagen ya muestra claras tales referencias, el poema componente, en este caso, dos sonetos, no lo es menos:

I

¡Por ti perdí la cabeza, cariño!.
De mármol tu corazón, duro y frío...
De mármol, tu cuerpo de Venus, río...
Tu belleza sinuosa ya es tu aliño...

El desnudo de tu hipnosis me ciño,
servido sobre la mesa... El rocío
que me despierta es de fuego y estío...
y así acabaste con mi ingenuo niño...

¡Ah, eras como un buen vino!...: ¡Ambrosía!
Tu aroma embriaga, es un licor ardiente...:
¡Así me arrastraste por tu pendiente!...

Esa tarde, esa noche y ese día...
Ese tornado en llamas me incendió...
¡Tú no ardiste conmigo!... ¡Y ardí yo!


II

Aquel altar con tu cuerpo adorado.
Tu sabías que eras una diosa helena.una 
Caprichosa tú, te serví de cena...
¿¡Cuántas veces, sí, lo había soñado!?

Y tú rompiste sin duda el candado...
Yo era tu parchís y a la Luna Llena,
completaste conmigo tu faena...
En tu red me tenías atrapado...

Jugando a los desnudos y a los guiños,
con tu imán a tu lecho me atraías...
¡Nadie resistiría tus encantos!

¡Y por eso jugabas con los niños!
Tú eras ya mujer y te proponías
seducirme, sirena, con tus cantos!

MANUEL MILLÁN CASCALLÓ


Del deseo pasional y de la fantasía, la realidad del hecho conllevó un veneno, un deseo inacabable de consumación como llama ardiente difícil de sofocar que se prolongó durante mucho tiempo después del rompimiento de relaciones concreto...

Evidentemente la imagen refleja la contraposición de ambas situación, la ceremonia pasional, el altar mostrado en la mesa en donde se consumó inicialmente inicialmente esa pasión y el desenlace posterior en donde la pasión sensual quedó como obsesión inconsumada y culto y la contraposición entre este y la realidad de que, para aquella bellísima mujer, mayor que yo, yo no era más que un juego de la apetencia sin ninguna búsqueda de relación duradera.

Dicho esto quizás lo mejor será explicar la imagen de mi caligrama en tres planos, la habitación, el cuadro-ventana y el cuadro de la mujer oferente

En líneas generales, la habitación refleja sin  la Realidad como conjunto, con el altar, el busto real de la mujer y la abubilla macho; el cuadro de la mujer desnuda y oferente, representa la idealidad, la fantasía, el deseo de pasión en donde la mujer se ofrece gustosa y ardiente a la pasión deseada y la goza en todos los sentidos, incluyendo el amor más allá de lo pasional, en la ventana-cuadro, la Naturaleza y en ella, el pulpo flotante observa la Realidad de la que es privado.

En la habitación, la mujer real es el bello rostro de la mujer que se ofrece a la pasión (La mesa está servida), pero si ofrece su cuerpo, no participa en él... Su cuerpo, un bello cuerpo, es una estatua atravesada en el altar, sin cabeza ni brazos, hincada en la mesa de mármol, el altar, porque para ella la pasión sensual de la carne es solo un juego de diversión, no de implicación ni pasional ni sentimental con el amante, que es para ella, uno más de sus amoríos, pero, ni su amante ni su amor... Es la diversión del momento... La pasión y la implicación sentimental y ardiente con el hombre que está, la abubilla macho con la cresta levantado cual gallo en actitud de seducción, queda fuera, es el pulpo de la pasión carnal, que queda, para ella, fuera de la habitación, en el cuadro ventana, mirando el rito, la ceremonia sexual de la carne, pero, privado de esta... El hombre la pondrá (por eso dice el poema que ella no arderá, pero él sí) ... Sobre la mesa, una consola indica el juego, los papeles en guiñapo indican el poco valor que otorga ésta a acostarse con el joven (solo una diversión para mostrarse, tras la seducción, que aún es bella para atraer las pasiones de jóvenes fogosos en un aquí te pillo, aquí te mato), la botella de vino, que debería ser negro sanguíneo de pasión y es agua o vino blanco de sofisticación), el bolso con la cartera encima de él, porque para ella es un negocio, no monetario sino social: mantener su caché de vampiresa) y los tarros de afeites de belleza que implican el cuidado de su imagen). En el suelo, la cerilla encendida sobre la caja de cerillas indica la seducción de esta del joven hasta el altar de culto, pero solo como artimaña para provocar el éxito del juego o escarceo, sin implicación pasional real.

El joven seducido, es la abubilla macho en celo, con el penacho de plumas erecto, como un gallito, pero aún un tierno pajarillo: atraído por una mujer bellísima y deseable intenta seducirla tímidamente, a distancia... Es ella quien realmente lo hará y lo seducirá hasta consumar su propósito.

Ya hemos hablado del pulpo, la pasión carnal, que queda por ella excluida de la Realidad, pasamos pues a la mujer desnuda oferente de la idealidad... Coincide con la fantasía del hombre, su deseo sensual y coincidió con la Realidad de la seducción de ella hasta consumar el acto... El joven lo creerá así porque fue así su seducción, coincidente con su deseo y dejará de serlo en la Realidad, porque ella no participó más que carnalmente de esa pasión real...

Más allá de la mujer desnuda y oferente, clara y meridiana, un juego de símbolo la acompaña ante ella: El hombre es representado por un besugo, pescado por la belleza sensual de ella... Atrapado en su red, despliega todos slos símbolos fálicos propios del hombre: la zanahoria de la seducción con los dos huevos (clara mención del órgano sexual masculino) y la pera y el plátano (ambos igual que el anterior)... La mujer.tentación-seducción es la manzana y los dos limones, los higos el órgano sexual femenino y su ofrecimiento al amor carnal, las uvas y las fresas... La mantequilla (en la que se apoya el besugo) es el acto sexual en sí mismo y en todo el proceso, la mujer es la estrella que tiene girando a su alrededor a sus amantes y el hombre, la peonza que gira locamente en pos de ella, atraído por esta como un planeta de su belleza hipnótica...

Las sombras, especialmente en la habitación real, contribuyen al dramatismo o patetismo de todo, de ahí su amenazadora consistencia de un negro compacto de incertidumbre, de dolor del fracaso cuando el amor real, ni pasional ni sentimental, no existe... 

MANUEL MILLÁN CASCALLÓ



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